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SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIƓN

Actualizado: 7 oct 2020

Con el Bautismo y la EucaristĆ­a, el sacramento de la ConfirmaciĆ³n constituye el conjunto de los "sacramentos de la iniciaciĆ³n cristiana", cuya unidad debe ser salvaguardada. Es preciso, pues, explicar a los fieles que la recepciĆ³n de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal. En efecto, a los bautizados "el sacramento de la ConfirmaciĆ³n los une mĆ”s Ć­ntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del EspĆ­ritu Santo. De esta forma quedan obligados aĆŗn mĆ”s, como autĆ©nticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras"

En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el EspĆ­ritu del SeƱor reposarĆ­a sobre el MesĆ­as esperado (cf. Is 11,2) para realizar su misiĆ³n salvĆ­fica (cf Lc 4,16-22; Is 61,1). El descenso del EspĆ­ritu Santo sobre JesĆŗs en su Bautismo por Juan fue el signo de que Ɖl era el que debĆ­a venir, el MesĆ­as, el Hijo de Dios (Mt 3,13-17; Jn 1,33- 34). Habiendo sido concedido por obra del EspĆ­ritu Santo, toda su vida y toda su misiĆ³n se realizan en una comuniĆ³n total con el EspĆ­ritu Santo que el Padre le da "sin medida" (Jn 3,34).


Ahora bien, esta plenitud del EspĆ­ritu no debĆ­a permanecer Ćŗnicamente en el MesĆ­as, sino que debĆ­a ser comunicada a todo el pueblo mesiĆ”nico (cf Ez 36,25-27; Jl 3,1-2). En repetidas ocasiones Cristo prometiĆ³ esta efusiĆ³n del EspĆ­ritu (cf Lc 12,12; Jn 3,5-8; 7,37-39; 16,7-15; Hch 1,8), promesa que realizĆ³ primero el dĆ­a de Pascua (Jn 20,22) y luego, de manera mĆ”s manifiesta el dĆ­a de PentecostĆ©s (cf Hch 2,1-4). Llenos del EspĆ­ritu Santo, los ApĆ³stoles comienzan a proclamar "las maravillas de Dios" (Hch 2,11) y Pedro declara que esta efusiĆ³n del EspĆ­ritu es el signo de los tiempos mesiĆ”nicos (cf Hch 2, 17-18). Los que creyeron en la predicaciĆ³n apostĆ³lica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del EspĆ­ritu Santo (cf Hch 2,38).

"Desde [...] aquel tiempo, los ApĆ³stoles, en cumplimiento de la voluntad de Cristo, comunicaban a los neĆ³fitos, mediante la imposiciĆ³n de las manos, el don del EspĆ­ritu Santo, destinado a completar la gracia del Bautismo (cf Hch 8,15-17; 19,5-6). Esto explica por quĆ© en la carta a los Hebreos se recuerda, entre los primeros elementos de la formaciĆ³n cristiana, la doctrina del Bautismo y de la la imposiciĆ³n de las manos (cf Hb 6,2). Es esta imposiciĆ³n de las manos la que ha sido con toda razĆ³n considerada por la tradiciĆ³n catĆ³lica como el primitivo origen del sacramento de la ConfirmaciĆ³n, el cual perpetĆŗa, en cierto modo, en la Iglesia, la gracia de PentecostĆ©s".

Muy pronto, para mejor significar el don del EspĆ­ritu Santo, se aƱadiĆ³ a la imposiciĆ³n de las manos una unciĆ³n con Ć³leo perfumado (crisma). Esta unciĆ³n ilustra el nombre de "cristiano" que significa "ungido" y que tiene su origen en el nombre de Cristo, al que "Dios ungiĆ³ con el EspĆ­ritu Santo" (Hch 10,38). Y este rito de la unciĆ³n existe hasta nuestros dĆ­as tanto en Oriente como en Occidente. Por eso, en Oriente se llama a este sacramento crismaciĆ³n, unciĆ³n con el crisma, o myron, que significa "crisma". En Occidente el nombre de ConfirmaciĆ³n sugiere que este sacramento al mismo tiempo confirma el Bautismo y robustece la gracia bautismal.

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